La dilución de dios PDF Imprimir E-Mail

Artículo de Fernán Melella, para el Centro e Investigación y Análisis Político GALMA.

 

Richard Dawkins, en el libro The God Desilusion, defenestra la religión a partir de explicaciones lógicas que se basan en la necesidad de evidencia científica para fundamentar todas las afirmaciones que realizamos los seres humanos. También explica que no hay diferencia entre la religión “tolerante” y la fundamentalista, pues al aceptar absurdos y "lavar el celebro" desde la infancia, todas las religiones generan un caldo de cultivo propicio para la intolerancia.

Él va más allá y, desde un muy bien fundamentado ateismo, argumenta que la misma existencia de Dios no es una hipótesis necesaria a fin de darle una explicación al universo. Fundamentalmente argumenta:

1. No es necesario que el universo tenga un sentido (ver punto 3).

2. Hay mucha evidencia que apunta a que el universo, no necesariamente tenga un inicio por lo que no es necesario que tenga un iniciador (ver punto 4).

3. La única realidad es la material. La conciencia, los pensamientos, las ideas, etc., son sólo un subproducto del funcionamiento del cerebro y no tienen una entidad real en si mismo. Si bien esto no está expresado en toda esta amplitud, implícitamente lo da a entender. Desde este punto de vista, la realidad tiene significado en si misma y "es lo que es" por si misma, sin necesidad de que tenga una razón en un sentido existencial.

4. La aparente inteligencia de la naturaleza no es más que el resultado de la evolución, que a su vez es un emergente de la forma en la que se definieron las leyes de la física en la singularidad inicial (Big Bang) que dio origen a este "ciclo" del universo.

5. La naturaleza evoluciona (merced a la selección natural) hacia organismos más complejos, por lo que es improbable que haya sido planificada anticipadamente porque eso implicaría una complejidad inicial incompatible con la evolución (Dios podría estar al final de la evolución pero no al principio). De ese argumento deriva la concepción de la conciencia cómo un subproducto de la evolución, y se opone a la idea de la “evolución planificada” muy apoyada por las visiones más modernas de las religiones.

6. También hace referencia al principio antrópico que dice que algo muy improbable se vuelve altamente posible si puede verificarse en una “población estadística” lo suficientemente extensa. Tal es el argumento fundamental para explicar la vida en la tierra.

Según entiendo el ateismo de este, como de otros científicos y filósofos, se basa por un lado en una reacción contra la religión en general, y por otro, en una visión materialista a ultranza, también en parte por reacción a la visión sobrenatural que sobre lo inmaterial sostiene la religión hasta nuestros días. Hay muchas cosas que se podrían argumentar para relativizar los argumentos que presenta Dawkins (particularmente en lo referido a la existencia o no de un creador o iniciador del universo), pero me parece más interesante avanzar en una visión complementaria sin dejar de reconocer las propias limitaciones.

Aclaro desde ya que me parece extraordinario aporte del autor a un humanismo moderno y bien entendido. Lo que podría señalar como “punto faltante” en la visión de Dawkins, según mi comprensión, es la exclusión de la experiencia humana del campo experimental de la ciencia, salvo en su condición de observador objetivo. Desde ese punto de vista, la ciencia confía en la objetividad del observador, lo que implica su total exclusión del universo observado, algo a todas luces difiícil de lograr.

No deja de resultarme curioso el hecho de que, siendo evidente la pequeñez del hombre frente al universo (visto desde su faz material), no resulte extraño al mundo científico, que a pesar de ese mismo hecho nos estemos preguntando sobre el origen del universo y tratando de indagar mucho más allá de lo que nuestra limitada percepción física puede abarcar (como el mismo Dawkins lo señala de manera magistral con la imagen de la Burka). Entiendo que esto es así porque asumimos como perfectamente normal (y hasta inevitable) que “el subproducto del cerebro” llamado conciencia nos lleve a indagar en este sentido. Sin embargo, eso mismo, ¿no demuestra que hay mucho más en el ser humano que su dimensión material? Los modelos y teorías que genera el hombre para tratar de explicar el universo, ¿a qué dimensión pertenecen, a la material o a la inmaterial?

Aún cuando la teoría cuántica anticipa un límite a la condición de observador objetivo del ser humano, no deja de ser en si misma, un intento de la ciencia por conservar el carácter objetivo de dicho observador, fijándole límites y condiciones. De alguna manera esta teoría, surgida de lo más duro de la ciencia dura (la física teórica), es un adelanto de que seguir sosteniendo un observador, que siga siendo “condicionalmente objetivo”, no deja de ser una simplificación necesaria para sostener el modelo.

Entiendo que en el futuro se deberá incorporar definitivamente la experiencia humana, desde el acontecer individual, al campo experimental de la ciencia. Para ello, el gran desafío es abandonar la visión exclusivamente objetiva que ha sido la base del desarrollo científico hasta aquí, para encarar la propia vida desde la inevitable subjetividad de la experiencia individual.

Es lógico observar el extraordinario desafío intelectual que plantea para cualquier científico abandonar las "certezas compartidas" que surgen de las teorías y experimentos extraindividuales (compartidas por distintos científicos), en favor de las experiencias internas (en la propia psicología) cuyo único punto de objetividad es la confirmación experimental individual en la propia vida.

Este es el gran aporte de la Logosofía: un método capaz de orientar evolutivamente a quien se proponga honestamente convertir su vida en un campo experimental.

Fernán Melella es estudiante de Logosofía en Argentina.

Otros links de interés: http://www.cgalma.com/Publicaciones/El-orgullo-ateo.html

Se agradece la cortesía del autor para la publicación del presente artículo.

 
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